
Artículo publicado en El Periódico de Aragón, el domingo 21 de Febrero de 2008. Para leer su versión digital, pinchar aquí.
El Presidente Rodríguez Zapatero desarrolla facultades de mimetización con el entorno, cual camaleón, cuando exhibe sus carencias de conocimiento de la situación y de las soluciones alternativas que se pueden poner en marcha. Es ya un miembro más, distinguido, de la nueva generación Ni-Ni, pues ni ha estudiado los orígenes de la formidable crisis que asola las economías familiares, ni trabaja a tiempo para reducir su trágicos efectos en el empleo y, por ende, en la propia dignidad de la persona que ve cercenadas sus opciones de desarrollo personal, truncadas sus expectativas de futuro, arruinadas sus ilusiones. El deterioro económico es dañino, pero más lo es el efecto moral sobre toda una generación naciente al mercado laboral que está condenada con Zapatero a vivir mantenidos por los progenitores o de las escasas ayudas sociales que le incitan a una emancipación en miseria.
Parece increíble que una nómina de 640 asesores en La Moncloa, que cuestan a los ciudadanos 30 Millones de € al año, sean incapaces de sugerir a su asesorado Presidente ni una sola idea para poner en práctica, a lo largo de los últimos dos años, y ni siquiera ahora sean capaces de establecer concretamente los aspectos sobre los que proponer reformas que abran un horizonte al empleo, al control del gasto público y la mejora del nivel de vida de los españoles.
Porque según se recoge en las estadísticas del INE y de Eurostat, los españoles somos más pobres que en el año 2004. Anuncia Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados que “la economía no está peor que hace seis meses”, otra de sus baladronadas, y el Banco de España y el Fondo Monetario Internacional corrigen sus cálculos, indicando que nuestra economía perderá aún este año un 0’5 ó 0’5 % del PIB. Vamos, que no sólo estamos peor que hace seis meses, sino que seguiremos empeorando, y eso que nuestra renta per cápita ya está por debajo de la media europea.
Y no sólo eso, sino que del 2007 a 2009, la deuda del Estado se ha incrementado en 158.626 Millones de €, así que somos más pobres que en el 2004 y, además, nos toca a cada español asumir 3.500 € de parte de la gestión pública estatal de Rodríguez Zapatero. Si en el año 2004 la deuda pública era el 46 % del PIB, hoy estamos en el 66 %.
Por si fuera poco, el Gobierno en conjunto se dedica a hacerse su propia contraprogramación. Si la Vicepresidente Elena Salgado y el Secretario de Estado José Manuel Campa viajan a Londres para infundir confianza en los mercados financieros e inversores, el propio Rodríguez Zapatero, en otra intervención de enjundia, los deja en ridículo cuando afirma que “vamos a reducir el déficit pero cuando la recuperación económica sea activa”. Así que de consolidación fiscal, disminución del gasto público, control de la deuda pública, ni hablar. ¡Un genio incomprendido! Ni siquiera su otrora economista de cabecera, el Nobel Paul Krugman, le concede un atisbo de credibilidad a la senda que ha tomado nuestra nación, al contrario, advierte de los riesgos del incremento del gasto público y del déficit fiscal.
Y frente a la carencia de iniciativa política del poder ejecutivo, Mariano Rajoy sigue insistiendo, tras dos años esperando el diálogo con el Presidente de Gobierno, en la necesidad de frenar y rebajar el gasto público, en no aplicar subidas de impuestos, en actuar contra lo morosidad, en abrir el mercado laboral, en reformar el sistema educativo… Decenas de propuestas que han sido formuladas y presentadas en el Congreso y en el Senado y que han sido siempre rechazadas por el PSOE, aunque el resto de los grupos ha variado su actitud de bloqueo hacia nuestras iniciativas parlamentarias y han llegado a respaldar algunas.
Los varapalos al Gobierno han caído desde todas las formaciones políticas y aún resuenan las rotundas críticas y la exigencia de cambios por Joan Ridao, Josep Antoni Durán y Lleida, y Josu Erkoreka.
Y hay necesidad de aplicar reformas, pero hay un notorio escepticismo sobre la voluntad de aplicarlas por parte de quien ha negado la crisis económica y sus desastrosas consecuencias, que no es otro que Rodríguez Zapatero. Ni es creíble ni es fiable.
Aunque Rodríguez Zapatero intente, tarde, muy tarde, un remedo de los Pactos de La Moncloa, será difícil que su resultado se aproxime. Le falta inteligencia política y generosidad institucional como para ceder, no ya en sus inexistentes postulados, sino en su desmedido afán de protagonismo redentor.
Esperaremos los resultados de la Comisión para el acuerdo económico de Salgado, Sebastián y Blanco, con la mejor disposición para actuar con absoluta lealtad a España y a los españoles, sin ser excusa para tapar los errores de este gobierno, ni para aliviarle sus responsabilidades en la aplicación de las reformas.
Y, para ser serios, me ahorro un desahogo por la “relevancia” internacional que está alcanzando nuestra diplomacia en la presidencia de turno europea.
José Atarés Martínez
Exalcalde de Zaragoza y Senador
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