
Esta noticia pertenece a la edición en papel. Publicado en El Periódico de Aragón el domingo 13 de Diciembre de 2009.
13/12/2009 JOSÉ Atarés
No por anunciado su fracaso podemos encontrar ningún alivio en el balance del 2009. Más aún, existiendo tantas evidencias de la deriva económica y el previsible impacto social, debiéramos haber esperado que la reacción de los gobernantes hubiese movido resortes para frenar la caída libre en el empleo y permitido reactivar la economía de las familias. Se han cumplido los peores augurios que se manejaban, dando al traste con las previsiones siempre optimistas de un Gobierno que, erre que erre, con Pedro Solbes o con Elena Salgado, está sometido a los caprichosos impulsos de un Rodríguez Zapatero que actúa durante demasiados meses como un espectador más ante la crisis y que, cuando decide intervenir, agrava los males que aquejan a la maltrecha economía.
La alquimia política no existe. No hay trucos ni atajos. Ni curaciones milagrosas. Aunque, quizá, Zapatero no lo sabe y de ahí su empeño en abordar nuestras crisis poliédricas con un único bálsamo, mezcla de su invectiva contra el centro derecha político y contra la empresa y, cómo no, abundantes dosis de humo que crean el halo de misterio donde se recrea en la suerte de reinventar el futuro.
Su propuesta de "economía sostenible" no pasa de ser una especie de recetario/manual de andar por casa, para los socialistas iniciados que, a golpe de consigna, defenderán el poder taumatúrgico del "verbo zapateril". Quedan aparcados o superados el Plan Dinamizador de la Productividad, de febrero de 2005, y el Plan Nacional de Reformas de octubre de 2005, incluso el Plan E. Mucho diseño de marcos, programas y planes y nula eficacia al servicio a los ciudadanos. ¿Propuestas concretas o novedosas? Ninguna, pues no entra en harina, navega en la indefinición, como cuando aborda las reformas necesarias del Mercado de Valores, la de los organismos reguladores para que actúen con independencia, la reforma del sistema financiero (en especial, las cajas de ahorro). Y hasta lo novedoso suena a caduco, como el Plan de Movilidad Sostenible, que se ha anunciado ya tres veces desde principios de 2007.
Lo cierto es que ha decaído hasta el forzado entusiasmo tradicional de la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega, quizá ya agotada de tanta sobreactuación. Además, pocos ministros han podido representar su contribución a esa propuesta, pues ni Miguel Sebastián (con el vehículo eléctrico o la prórroga nuclear a los 40 años), ni Beatriz Corredor (¡rehabilitar viviendas a 90.000 euros/vivienda!), ni Cristina Garmendia (no hay novedades respecto de la Ley de Ciencia), ni Ángel Gabilondo (sin perfilar la formación profesional), ninguno de ellos ha podido colgar de la economía sostenible unas propuestas políticas concretas y contrastadas con los sectores implicados y demandadas por los agentes sociales.
Este socialismo tiene una pretensión constante de intervenir y dirigir las decisiones económicas de todos los agentes, incluso de los consumidores, cercenando continuamente la libertad de elección, por lo que restringe él ámbito de la libre competencia y condiciona toda actividad a una búsqueda incesante de amparo o protección o tutela de lo público. Cada vez más normativas, cada vez más exigencias, cada vez más cortapisas a la iniciativa privada, sin aportar más garantías para los consumidores y usuarios y sin generar condiciones de competitividad equiparables en todo el territorio nacional.
Hay procesos que deben abordarse y que, por sí mismos, reactivarían la actividad económica, como asentar un auténtico mercado interior único, establecer las bases fiscales que incentiven la inversión a medio y largo plazo en investigación e innovación, reformar el sistema financiero para avalar el desarrollo de iniciativas emprendedoras, tomarse en serio de una vez la educación, dotar de agilidad y eficacia a una Justicia exangüe...
Pero no, eso son tareas complicadas y difíciles de explicar y de acometer. Creen que es más responsable distraer la atención sacando a toda costa una ley del aborto que cuenta con un mayoritario rechazo social, o retirando los símbolos cristianos de los colegios. Y dan papel estelar a un personaje como Joan Tardá que igual legisla con bolígrafo y papel con el peneuvista Joseba Aguirretxea, que con el socialista Luis Tomás, tanto se le da. Con un frívolo comentario se despacha cualquier norma. ¿Para qué tantos debates del Consejo de Estado, el Consejo General de Poder Judicial, el de la Fiscalía, etcétera, etcétera, si con un sencillo "bic" se redacta, se tacha y se reescribe nuestro futuro legislativo? ¡Vaya traca para finalizar el ingrato 2009!
En fin, aspiramos a una sociedad dinámica, abierta y tolerante, habiendo ya superado prejuicios heredados por las carencias de libertad. Y para desarrollar una sociedad sana debemos esforzarnos en mantener los valores sociales recogidos en nuestra Constitución, con firmeza, con seguridad, con plena conciencia, con rigor y con exigencia. Con responsabilidad.
El 2009 arderá en la pira del olvido. Ojalá 2010 no sea otro año más perdido, sino una puerta de esperanza.
Senador y Exalcalde de Zaragoza
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